jueves, 5 de enero de 2012

Mi abuela con alas

Elba!!

Vieja, entre tanta lesera sin importancia se me extravió la fecha de tu partida. Si no es por Esteban que lo recordó en este facebook que no alcanzaste a utilizar (si no habrías sido una adicta), nada lo hubiese hecho.

Te echo de menos. Pero más que extrañarte, siento un gran alivio de saber que ya no te duele vivir, como esos últimos meses horrendos. Ya sé lo que es ver apagarse a una madre. Ni siquiera el chron me dolió tanto.

Ví unas fotos recién en donde apareces preparando tus empanadas fritas dieciocheras. ¡Qué ricas te quedaban! O tus pajaritos. Tus bistec con tomate. Todo el cariño que nos brindabas através de la comida y de absolutamente todo lo demás. Incluso de tus furias.

Sin embargo, lo que hoy más me emociona, es saber que tuve a una abuela que fue una mujer valiente. Antes no habría podido comprenderlo, pero ya soy vieja y sé que con las herramientas que te dio la vida construiste un castillo, piedra por piedra. No he visto a muchas mujeres como tú, así de francas, así de seguras, así de esforzadas, así de inteligentes. La combinación es lo que nos convierte en únicos. Y yo quiero ser así como eras tú. Tal vez un poco más feliz (nunca está de más la felicidad). Y menos virgen de los 50 en adelante. Heredé tu lengua sin censura, Ia. Además de tu cara.

Quiero ser valiente como tú, Ia (ia, i-a). Qué mi vida no sea en vano. Y cuando llegue mi hora, espero que tú me entregues mis alas. A veces siento que hago méritos con hipo para no obtenerlas. Otros días no me siento tan perversa. Supongo que cuando llegue mi momento, sabré.

Farewell 2011!

Comenzó este dos mil once con el dolor y a la vez la paz de ver partir a mi abuela. La agonía de largos meses había finalizado. Nadie sabía con certeza qué ocurriría sin nuestra madre, sin el manto de su presencia. Y como si la vida quisiera decirnos que la guerra no acaba hasta que se libran todas las batallas, vino la vida y el mismo día que fuimos a dejar al cementerio a mi vieja, nos gritó en el rostro: la guerra no acaba hasta que se libran todas las batallas.

Terminaba un calvario y comenzaba el mío. De la nada, el 7 de enero ya no me pude levantar por mis medios de la cama. Nunca quise estar presente en el funeral de mi abuela, nunca. Y el deseo se me habría de cumplir de la manera más extraña de todas.A los 30 volví a ser un bebé, uno con conciencia, lo que es peor.

Luego de 3 días de muerte en vida, ingresé por primera vez a la habitación de una clínica como la paciente. Una parte de mi se quedó pegada en esa cama.

Hizo tanto calor en enero. Y luego vino mi frío y raquítico febrero. Otra, otra, otra y otra vez enchufada a las máquinas del hospital, entregada a las circunstancias amorfas. En ese ayer ya no existía el mañana para mi. Pero casi sin quererlo (para qué mentir), me puse de pie. Los cuidados de mamá, de los amigos, me devolvieron a la vida. Yo a veces no quería, pero regresé, y contra todo pronóstico, recuperé la vida inconclusa que llevaba acá en la capital, la existencia de una mujer de 30 que puede caminar, comer, reír, trabajar.

Mi segundo semestre termina también de manera extraña, pero una extrañeza con miel. Después de tantos años, cupido me echó la puerta abajo. Enferma del cuerpo y definitivamene de la cabeza, apareció el hombre que se asusta con mi locura pero no se va porque dice amarme. Nos vimos las caras una noche de agosto en Ñuñoa y desde aquel feliz encuentro, jamás la vida fue un camino individual para cada uno de nosotros. No volvimos a separarnos.

Y cambió tanta gente. Aunque en realidad no lo hicieron. Yo renové mis ojos y los cerré a varias personas y circunstancias que me enfermaban. Así fui quedando un poco más sola, más desocupada y más pobre de lo que ya estaba, pero contenta de que luego de cernir el azúcar, los terrones más dulces sigan elevando una pequeña plegaria por mi vida cada noche. Los siento, los escucho mis queridos. Gracias.

Mi familia tuvo tanto que lamentar luego de la muerte de la viejita. Pero ahí están: despertando cada sol, descansando cada luna.

Y por fin vino la Danielita de nuestros sueños universitarios. Y la Josefina hermosa de la mano de su papi. A su papi le debo tanto. Y a la familia de su papi. Cariño a secas. Paz.

Hay que seguir puliendo la piedra que dejó 2011 en mi mano. Tengo tantos deseos de convertirla en una golondrina. ¡Ay, magia!, no me abandones. Yo sé que no estoy tan equivocada al seguir soñando como una empedernida, tosuda, catete, enferma de la cabeza por sobre todas las demás dolencias que me aquejan.

Cada mañana, un comienzo. Cada día, una vida entera. Y tan sólo basta un pequeño e ínfimo segundo...

Ahora todo depende de los calculos Maya.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Navidad 2011

Este año la navidad la pasamos en la casa de los padres de Henry.

Felices ellos. Felices nosotros. En especial porque había una pequeña niña entre los grandes y todo fue historias, magia, comida, risas.

Algunos días despierto atravesada y me sudan las manos, se me nubla la vista. Otros, disfruto genuinamente la sensación de poder dormir a pata suelta, amar sin medidas, comer como antes (aunque a las 4 de la madrugada despierten mis tripas molestas).

He pintado muchos cuadros. Muchos. Hay días en que no puedo aguantar ver una tela en blanco y corro a colorearla como sicópata. León me mira aterrado y luego se duerme. Él despierta y yo estoy dormida a su lado en el sofá. Me toca con su garrita, lo miro y seguimos durmiendo. Así de simple es la vida.

Y hoy por fin mi Daniela recibió su bautismo. Y yo soy la madrina más extraña del planeta. Mi amiga y comadre se las arregló para que mi espíritu estuviera presente en la ceremonia. Así es que ya soy oficialmente mamadre de dos princesas. ¿Cuándo vendrá la mía?